Masaje Infantil: Maravilloso y a menudo, impossible!

Te has informado muy bien sobre el masaje infantil, pero resulta que al ponerlo en práctica… catástrofe!

Te cuesta encontrar el momento y cuando lo encuentras: Tu bebé parece muy inquieto y no se deja, o no aguanta ni dos minutos, o se pone a llorar desconsoladamente. Por lo tanto, te planteas si lo estarás haciendo mal, o incluso piensas que no le gusta, y entonces, aparece frustración, decepción y abandonas.

El masaje en los bebés, además de tener infinidad de beneficios a nivel físico (estimulación fisiológica, alivio de tensiones y dolores físicos, y relajación), es una herramienta fantástica para fortalecer el vínculo afectivo, se trata de un momento de comunicación en el que puedes aprender muchísimo sobre tu bebé.

Si deseas que con la práctica, relacione el masaje como un momento de relajación, seguro y placentero, deberás tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Comienza con masaje corto y mayor frecuencia

Encontrar un momento puede ser una odisea: Ha de ser un momento que no tenga hambre pero tampoco que acabe de comer, que no tenga sueño, ni frío ni calor, preparar un espacio cálido y relajado donde ambos,…

Comienza por unos pocos minutos con mayor frecuencia (3 veces por semana o incluso cada día). Conforme vayas aumentando la duración de cada sesión, puedes disminuir la frecuencia.

Puede tardar meses a relacionar el masaje con la sensación de bienestar, pero lo hará, y lo disfrutaréis muchísimo ambos.

Tocar la cara puede ser muy agresivo, te recomiendo comenzar por las piernas, y brazos, luego barriga y espalda, y acabar con la cara.

  1. Momento óptimo: Estado de “Alerta Tranquila”.

Se llama así, al estado en el que tu bebé está atento a los estímulos que le llegan, se interesa por ti y por el entorno, está contento y respira de manera regular.

Los bebés cambian de estado con gran rapidez. De recién nacidos pasan muchos momentos en estado de alerta tranquila. Si ves que empieza a agitarse, su respiración se torna irregular y hace muchos gestos con la cara, y movimientos más bruscos, tu bebé puede haber pasado a un estado de “alerta activa”: estará más sensible a los estímulos y puede molestarse.

  1. Observa tu propio estado

Si estás inquieta o nerviosa, no puedes transmitirle relajación.

A veces, creemos que estamos tranquilas, porque no hemos hecho nada concreto que nos agite, pero inconscientemente podría ser que nuestra propia incertidumbre o inseguridad, nos juegue una mala pasada.

Indudablemente, con la práctica esto desaparece. Pero tanto para cuando seamos novatas como expertas en el arte del masaje infantil, te recomiendo que justo antes de proceder, dediques un minuto a tomar contacto con tu calma interior:

Toma una postura relajada, y cómoda. Cierra los ojos. Inspira lenta y profundamente pero sin forzar, poniendo plena atención en todo el movimiento de inspiración: como entra por la nariz, pasa por la garganta, hincha los pulmones y el abdomen. Haz lo mismo con la espiración. Repítelo tres veces, y sobretodo, trata de poner plena consciencia en ello.

  1. Comunicación y presencia

El masaje es comunicación a través de los cinco sentidos:

– Del tacto, evidentemente.

– La vista: Tu bebé observa tu cara y tus gestos y lo relacionará con lo que está experimentando en ese momento.

– El oído: puedes ir explicándole lo que está sucediendo, o cantándole alguna canción que le guste, también para que relacione tu voz con las sensaciones.

– El olfato e incluso el gusto puede entrar en juego si a tu bebé le apetece chuparse una mano que ha sido cubierta con aceite (por ello elegiremos bien el aceite a utilizar).

Tu bebé estará bien atento a todo lo que tú le transmitas, y tú también has de estar totalmente presente y atenta a lo que él o ella responda a través de sus gestos, muecas, movimientos, ruiditos, todo esto irá indicándote cómo va recibiendo la experiencia.

  1. Respeto, Escucha profunda y Aceptación

Primero, no hemos de olvidar pedirle permiso, como muestra de respeto, antes de poner las manos.

Escucha profunda significa, sin juzgar lo que exprese o lo que ocurra. Buscarás estar atenta, y aceptar todo lo que venga, pues es un regalo que deseas ofrecer a nuestro bebé, y como tal, no está obligado a aceptarlo, o no en ese momento.

Tu bebé tiene derecho a moverse, a cantar, a no dejarse masajear, y por supuesto a llorar. El llanto es una manera que tiene tu bebé de comunicarse contigo: Mamá, quiero teta; mamá, tengo frío; mamá, quiero que me abraces; mamá, me siento sobrepasado y no puedo dormir; mamá, no se qué me pasa!

Cuando el llanto es por una cuestión emocional, lo que menos necesita es que le cortes ese canal de descarga. Lo que sí necesita es que le permitas que se exprese, aceptes sus emociones y le acompañes en el llanto, sentirse arropada/o.

Y si tú también te llegas a sentir frustrada y decepcionada, de la misma manera, lo que necesitas no es tratar de evitarlo, bloqueando la emoción, sino permitírtelo.

¿Cómo?

Puedes poner tu atención en tu cuerpo, solo observa (sin juzgar) donde se manifiesta esta emoción y qué intensidad tiene. ¿Qué sentido tiene tratar de evitar algo, que está siendo así, en este preciso instante? Ya sabemos que, nada dura eternamente.

Como dice Thich Naht Hanh, maestro zen:

“El mejor regalo que podemos hacer a la persona amada, es nuestra presencia, plena consciencia.”

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